Soy o debo ser

A menudo confundimos ser lo que somos con ser lo que hacemos, un ejemplo claro es que cuando nos dicen que nos presentemos y nos identificamos con nuestra profesión, según el contexto, para algunas personas puede ser suficiente, pero para otras no, porque si no me das más información personal tengo que investigar más sobre ti.
Si esta identificación la llevas a cualquier ámbito de tu vida, puede que te venga de forma implícita una situación que no deseas, porque cuando esto pasa terminamos por hacer lo que no queremos hacer o no nos gusta, para seguir siendo lo que creemos ser y no lo que realmente queremos ser.

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“De todos los conocimientos posibles, el más sabio y útil es conocerse a sí mismo”
–William Shakespeare-

Tu verdadera identidad

Conocer tu verdadera identidad es mucho más importante que perseguir eso que crees que deberías ser. Porque si sabes o descubres qué tipo de persona eres realmente, entonces comenzará el proceso de conversión espontánea.
Ahora bien, si sigues en tu empeño o haces caso a terceros e intentas convertirte en lo que crees que deberías ser en esta vida, no habrá cambio, solo habrá una continuación de lo que crees que deberías ser posiblemente con una apariencia diferente.

La Autoconciencia es la clave

Uno de los conceptos que nos puede ayudar a discernir realmente lo que somos o queremos ser con lo que creemos que deberíamos ser es la autoconciencia, porque esta nos va a servir para medirnos internamente y nos puede aportar información sobre la orientación de si nuestras acciones y decisiones están alineadas con nuestros intereses o necesidades reales.
Esto es muy importante tenerlo en cuenta para cada uno de nosotros, que todos los elementos estén en sintonía, porque cuando esto lo ignoramos, y recuerdo lo que ya sabemos, que todo es uno, cuerpo y mente, probablemente producimos transmisiones que más tarde detectamos de diferentes formas como problemas de salud física u otras disfunciones como pueden ser, casos muy asiduos que nos vienen en las sesiones de coaching, como incapacidad al no llegar al objetivo propuesto, provocando desmotivación continua que esconde cada vez más una acumulación en forma de ira, envidia, ansiedad o estrés que va reprimiendo cada vez más a nuestro ser.
Esto a su vez puede provocar en ti, apatía por las cosas y personas, es lo que llamo cabeza y brazos caídos, parece que nos faltan los recursos, que dan sensación de cansancio, confusión, debilidad o fragilidad emocional, porque de esta forma nada parece que fluya, todo se bloquea a nuestro alrededor.

NOTA: Para obtener una información más completa sobre este tema, se recomienda visualizar el vídeo, ya que la transcripción no es completa.

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